La Provincia de Buenos Aires concentra al 40% de la población argentina, aporta una parte sustancial de la recaudación tributaria nacional y actúa como motor productivo del país. A pesar de ello, recibe apenas el 22% de los fondos coparticipables. Esa brecha marca una realidad injusta: la provincia que más aporta es también la más castigada.

Este desequilibrio tiene raíces claras. El sistema vigente fue firmado en 1990 como algo transitorio. La Constitución de 1994 solicitó una nueva ley de coparticipación antes de 1996, pero, a tres décadas de distancia, ese mandato sigue sin cumplirse. Lo que fue excepcional se tornó permanente y consolidó una injusticia estructural.

Sus efectos se sienten con claridad en el interior bonaerense. Municipios productivos, como Azul y su región, que aportan significativamente, enfrentan presupuestos limitados por la falta de recursos proporcionales. La carencia de fondos condiciona la capacidad de desarrollar infraestructura, impulsar la competitividad regional y responder a las necesidades sociales crecientes. Todo esto se agrava por la necesidad de cubrir gastos con recursos propios, lo que genera mayor presión impositiva local.

El contraste con otras provincias es evidente. Territorios con menor población y menor aporte reciben más fondos por habitante, lo que les permite sostener estructuras públicas más amplias. En cambio, la Provincia de Buenos Aires debe compensar la inequidad recaudando más.

Este falso federalismo no sólo desfavorece a los bonaerenses, sino al país en su conjunto. Si el motor económico no cuenta con los recursos que necesita, la Argentina en su conjunto pierde competitividad.

La solución no está en quitarle a una provincia, sino en sanear el sistema. Es fundamental cumplir con la Constitución, actualizar el régimen de coparticipación y distribuir recursos con justicia, transparencia y según realidades actuales.

La Provincia de Buenos Aires no pide privilegios. Pide un trato equitativo. Porque cuando el distrito más poblado y productivo del país recibe menos de lo que aporta, pierde Buenos Aires… pero pierde toda la Argentina.

Artículo publicado en Diario El Tiempo, el 1/9/2025

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